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Información sobre el proceso de la muerte basada en experiencias

EmilioCarrillo

 

Emilio Carrillo tras una brillante carrera como economista, en la docencia universitaria como profesor de diversas universidades españolas y extranjeras y en la política como Vicealcalde de la Ciudad de Sevilla, entre otras distinguidas posiciones, experimentó una profunda transformación en su interior y en su vida a raíz de una “experiencia cercana a la muerte” que le guiaron hacia una existencia más REAL, espiritual y en la profunda comprensión del ser humano como Interdimensional, Inmortal y Divino.

 

Experimenté un primer despertar espiritual en el año 2000, gracias al libro Kybalión, pero fue en el año 2010, a raíz de un proceso de enfermedad que me llevó a vivir una experiencia cercana a la muerte, que mi fuente de sabiduría, de información, pasó a ser solamente el interior, el Silencio. Esta fuente es una quietud que es paz, armonía, alegría, felicidad en estado natural… En el momento en que te encuentras con tu interior, la sabiduría innata se descorcha, y a partir de aquí van surgiendo los recuerdos de quién eras, los recuerdos de lo que es… Y de una forma como mágica van apareciendo señales y sincronías en el exterior que te confirman que todo lo que va saliendo de tu interior es correcto. Hace tiempo que sé que las sincronicidades existen; que no hay casualidades.

En la siguiente conferencia, Emilio, nos ofrece una información basada en experiencias propias y de personas que han pasado por situaciones similares, y con su comunicación directa y clara, nos relata sus creencias sobre el proceso de la muerte humana y las fases posteriores. Aparte de lo positivo del mensaje, su coherencia lo hace más creible.

Nota: El siguiente video está dividido en 3 partes; cuando acabe la primera ya se sugiere la próxima.

—En la Creación, todo lo que hay en el exterior tiene una causa en el interior; de modo que la enfermedad es algo deseado y querido desde el interior del ser, en momentos concretos y en puntos culminantes de nuestros procesos conscienciales. Cada enfermedad es una señal. Cada ser humano que la acepte, en vez de resistirse a ella, y se pregunte el por qué y el para qué de esa enfermedad va a encontrar la respuesta, en el silencio interior. Al encontrar esa respuesta la enfermedad se soluciona (no hablo de los síntomas, sino de la enfermedad de fondo).

Además de tu vertiente espiritual, cuentas con un buen bagaje científico. ¿Conviven bien ambas facetas?

—Siempre me interesó la física cuántica, la teoría de cuerdas y lo que hoy conocemos como la teoría del principio holográfico. Creo que mi bagaje científico aceleró mucho mi proceso espiritual, porque pude ir comprobando como temas que aparentemente eran puramente espirituales casaban absolutamente con lo que son postulados científicos de vanguardia. En mis charlas he intentado explicar la expansión de la consciencia a través de lo que son las proyecciones conscienciales que nosotros hacemos: cada uno de nosotros configuramos un holograma, que es nuestra propia vida. Ese holograma, y por lo tanto nuestra vida, es responsabilidad de cada uno al 100%. Y el holograma de cada uno se interrelaciona con los de los demás, dando lugar, entre todos, a una matriz holográfica.

A pesar de tu vertiente pro científica haces algunas afirmaciones que pueden ser muy desafiantes para el estamento científico, sobre todo cuando entras en el dominio de lo inverificable. Por ejemplo, afirmas que en el Universo bulle la vida, y que existen otros muchos planetas con homínidos…

—La única dificultad que tiene ahora el ser humano para contemplar toda la grandeza que le rodea desde el punto de vista astrofísico es el magnetismo terrestre, el cual no es sino la manifestación exterior del nivel consciencial de la Tierra. El magnetismo terrestre tiene el efecto, para las formas de vida que contiene, de encerrarnos en nosotros mismos. Nuestra consciencia se adhiere mucho a la materialidad de nuestro cuerpo, de modo que somos muy dados a contemplar las realidades solamente a través de nuestros sentidos físicos. Por ello (además de por nuestro propio momento consciencial) no podemos desarrollar adecuadamente otras facultades humanas como son la intuición, la inspiración, la premonición… Si el ser humano se aleja lo suficiente del planeta Tierra como para que el magnetismo terrestre no le afecte (o le afecte mucho menos), inmediatamente empieza a ver, a percibir cosas distintas. Estoy absolutamente convencido de que los astronautas que pisaron la Luna o viajaron cerca de la Luna vieron cosas que desde el planeta Tierra no se pueden ver. Imagino que por muchos motivos esto no se divulga.

¿Por qué no nos revelan algo más significativo los telescopios y las naves que enviamos para que filmen?

—Porque se trata de una tecnología muy pobre. El ser humano tiene una tecnología de percepción, unas capacidades cerebrales, mucho más potentes que las que estamos desarrollando en la tercera dimensión. Hay que añadir que mientras el proceso consciencial de la Tierra ha sido más denso el magnetismo ha sido muy alto; sin embargo, en estos momentos la Tierra se está expandiendo consciencialmente, y como consecuencia su magnetismo se va debilitando. Ello tiene un efecto favorable de cara a la potenciación de nuestras facultades cerebrales.

¿Podrá la ciencia servirse también de estas capacidades?

—En el ámbito de la consciencia la ciencia se pierde un poco, porque le cuesta reconocer que hay otros planos que no pueden ser abordados desde la racionalidad, que van más allá de lo que la ciencia como tal entiende como ‘estar cuerdo’. En cambio, la espiritualidad se mueve de una forma muy cómoda en ese ámbito. Yo diría que la espiritualidad puede usar los zapatos que ha utilizado la ciencia para llegar a la consciencia y a partir de ahí caminar con una soltura que la ciencia no puede tener.

DE LA TERCERA A LA CUARTA

¿Qué tienen de especial estos tiempos?

—El planeta Tierra es un ser vivo, como la galaxia es un ser vivo, y tiene un proceso consciencial maravilloso, que está ahora en un punto muy álgido de su evolución: está culminando su paso de la vibración de tercera dimensión a la vibración de cuarta dimensión. Además, en diciembre de 2012 se producen una serie de energías que interaccionan con aquello que nos contiene: la Madre Tierra, el Sistema Solar, nuestra galaxia, el cúmulo galáctico donde está nuestra galaxia… Son energías de mucho amor, muy puras, y llegan a la Tierra en este momento que es tan crucial para ella. Por eso estas energías, que llegan cíclicamente, aproximadamente cada 26.000 años, ahora son recibidas por la Madre Tierra como nunca antes lo fueron. Esto no solo afecta a la Tierra, sino que significa como un aporte de vitaminas conscienciales para todas las formas de vida que estamos en ella.

»En la medida en que la Madre Tierra cambia su vibración nos está abriendo una puerta a la humanidad, así como a todos los otros seres que la habitan. Es la oportunidad de vivir una metamorfosis, una liberación, una gran expansión de la consciencia. La naturaleza está llevando a cabo esa adaptación vibratoria de forma natural, porque su modalidad de vida no es de consciencia individual. En cambio, la especie humana tiene consciencia individual; también va a adaptarse a la nueva vibración de la Tierra, pero no al unísono con el compás de la Tierra, sino de una forma retardada.

¿De qué manera?

—La Tierra culmina el cambio frecuencial a lo que podemos denominar cuarta dimensión el día 10 de diciembre de 2012. Y la humanidad nos iremos adaptando a esa nueva vibración por oleadas. Entre el 21 de diciembre de 2012 y el 20 de marzo de 2013 se está fraguando la primera oleada. No sé la cifra; sé que son, o que somos, muchos. Cientos de miles, millones… Posteriormente, a lo largo de lo que seguimos denominando tiempo, la adaptación va a continuar siendo posible. Es como que la puerta va a estar abierta durante mucho tiempo. No va a ser asunto de un día, ni de un año, ni de diez años, sino que va a ser un período largo en terminología humana. Oleada tras oleada, cada vez más seres humanos empezarán a vibrar en cuarta dimensión.

»Durante este proceso habrá una convivencia entre los seres humanos que vibren en cuarta dimensión y los que vibren en tercera. Hasta que llegará un momento en que la frecuencia de la Tierra será ya de una cuarta dimensión tan intensa que no podrá contener nada que no vibre en cuarta; lo de tercera será incompatible con ella. Ese será el momento del cierre de la puerta.

»Quienes no quieran vibrar en cuarta sino que quieran seguir vibrando en tercera, más apegados a lo material, no podrán seguir viviendo en el planeta Tierra. No pasa nada; hay millones de mundos donde podrán seguir desplegando sus procesos conscienciales. En cambio, aquellos cuyo libre albedrío sintonice con la cuarta dimensión serán la nueva humanidad de la nueva Tierra; la humanidad que tantas corrientes espirituales de todos los tiempos han anunciado. En esa nueva Tierra los procesos conscienciales serán mucho más sutiles que ahora, mucho más puros. Habremos eliminado la enfermedad, la cual ya no será necesaria, porque ya no habrá procesos conscienciales interiores que requieran la enfermedad como manifestación. Viviremos si no eternamente sí miles de años.

¿Cómo será el proceso, la convivencia entre la vibración de tercera y la de cuarta?

—Lo que hemos llamado ‘mundo’ hasta este momento sufre un enorme apretón energético, cada vez más fuerte, como consecuencia del cual, o en paralelo a él, van apareciendo cosas nuevas que van configurando una nueva realidad. En la medida en que lo nuevo vaya tomando cada vez más protagonismo el viejo mundo va a experimentar cada vez mayores tensiones, hasta venirse abajo. Porque quienes van a seguir proyectándose en clave de tercera dimensión van a ser muy egoicos, con lo que la dinámica del mundo de tercera dimensión va a ser cada vez más egoica, en un torbellino creciente.

¿Qué implicará este torbellino para quienes vibren en cuarta?

—Serán conscientes de lo que pasará en la tercera dimensión, pero a su vez no les afectará. Ello será posible porque estarán instalados en su puro centro; es decir, van a encontrar lo que realmente son. No van a dejar de oír ni de ver, pero sí que van a estar en un estado de quietud, de calma, de armonía, de donde no van a salir por más que el torbellino exterior sea creciente.

En tu último libro (Amor: vida y consciencia) mencionas la venida del Anticristo; ¿qué lugar ocupa en este escenario?

—Con la denominada globalización se ha abierto una época en que la acumulación del poder en muy pocas manos va a ser tremenda. Ya no solo el poder económico, militar y tecnológico-científico va a estar en esas pocas manos, sino incluso el poder político y religioso. Tras una época de conflictos entre los ostentadores del poder, conflictos que serán incluso territoriales, será una sola mano la que se quede como el gran dominador. Esa entidad encarnada será el Anticristo. Eso sí, todos los textos sagrados nos dicen que entonces la matriz holográfica de tercera dimensión estará ya muy constreñida; habrá una gran mayoría vibrando en cuarta dimensión. De modo que esto que parece el triunfo del Anticristo no es sino el final de su proceso, porque significa el cierre de la puerta por parte del planeta Tierra, y con ello la configuración de la nueva humanidad.

¿Qué te parece el progresivo desencanto de la gente con el sistema, con el consiguiente surgimiento de alternativas basadas en el intercambio y otras formas?

—Creo que no hay que desencantarse. Es muy importante tener en cuenta que se aporta energía al viejo mundo compartiendo su escala de valores, pero también luchando contra él. Por lo tanto, desde los movimientos alternativos tenemos que generar el nuevo mundo, y olvidarnos, desengancharnos del viejo. Hay un segundo elemento a considerar, y es que somos muy diversos, de modo que los movimientos alternativos pueden plasmarse de muchas maneras. Eso sí, yo diría que, se plasmen como se plasmen, tienen un hilo conductor, que es la vida sencilla. Se trata de necesitar poco, no solo de bienes materiales sino de todo en general.

¿Qué dirías a las personas que aspiran al cambio consciencial pero que no se hallan todavía en la paz interna sino que más bien se sienten en la fase de la angustia?

—Puede parecer un poco duro lo que voy a decir. Mi corazón me dice cada vez con más claridad que ‘nada’. No decir nada. A continuación me explico, pero que quede claro que mi mensaje fundamental al respecto es no decir nada.

»Hay personas que consideran un error continuar vibrando en tercera y que consideran que todos deberíamos ir a vibrar en cuarta. Esto es un error. Todo son procesos conscienciales naturales y merecen el mismo respeto. Es muy importante respetar el libre albedrío. No hay listos ni tontos, ni buenos ni malos, ni gente de nivel tres y gente de nivel uno. Una amapola no es mejor que un roble, ni el roble mejor que un águila, ni el águila mejor que un escarabajo. Son manifestaciones distintas. Asimismo cada ser humano está en su proceso consciencial, y todos merecen el mismo respeto y amor. Vale decir que en el cosmos la tercera dimensión va a existir siempre. No en este planeta, pero siempre va a existir, porque es necesaria para determinados procesos experienciales.

»Dicho esto, cuando las personas que siguen vibrando en tercera sienten la cercanía de personas que están vibrando en cuarta, detectan que esos seres humanos emiten algo distinto. A partir de ahí tienen dos tipos de reacciones fundamentales (hay puntos intermedios). Una, se acercan a esas personas, porque les atraen; captan su vibración y su calma. Quizá incluso se interesen por saber cómo viven, cómo lo hacen para estar en armonía y equilibrio. Sin embargo, también va a haber personas que cuando sientan a alguien en vibración de cuarta expresen agresividad. Las personas que vayan sintiendo que vibran en cuarta tienen que mantener la misma actitud tanto hacia la persona que sienta acercamiento como ante la persona que sienta agresividad: aceptación, respeto y amor. Y tiene que ser una actitud de acompañamiento.

¿Qué entiendes por ‘acompañamiento’?

—El acompañamiento es hablar muy poco. Es dar muy pocas explicaciones de cómo tú vives. El mejor ejemplo que se me ocurre: no recuerdo nada que me dijeran mis padres, pero sé que han influido muy positivamente en mí en muchas cosas. Aprendí de ellos por la forma cómo vivían; por su forma de ser en el día a día. Ahora, a mis hijos no les educo con la palabra, con discursos, sino que sé que cada segundo de convivencia en casa es una gota de agua continua que, aunque aparentemente no surta efecto, surte efecto seguro.

»No tienes que dar discursos, porque en este caso incluso puede ser que origines el efecto contrario al que estás pretendiendo. Una vez te has puesto en estado de quietud, lo más hermoso es que puedes hablar de pintura, de fútbol, de zapatos, de la Luna o de poesía que lo importante es la vibración que vas a emitir. Este es el quid de la cuestión. Cuando se empieza a vibrar en cuarta dimensión tenemos que ser muy conscientes del poder que adquirimos, que no es el poder del viejo mundo, del control y el dominio del otro, sino el poder del amor. Es un poder real, sanador. Es la capacidad de abrir campos conscienciales en personas que están en una clave frecuencial distinta, si tienen la voluntad de ello. Creo que diciendo algo tan simple como «Tú eres yo como yo soy tú» mirando a dichas personas a los ojos, la vibración que vamos a lanzar sobre ellas es espectacular. Yo diría que la primera oleada de seres humanos que empiezan a vibrar en cuarta se ha producido a partir de los discursos (las conferencias, los talleres), pero que las siguientes oleadas van a producirse fundamentalmente a partir del ejemplo.

»Las personas que hemos vivido procesos de metamorfosis hemos experimentado que las necesidades se van difuminando. El hecho de tener menos euros, de perder un puesto de trabajo, no es igual de significativo para una persona que está en un proceso consciencial de cuarta dimensión que para la persona que está en tercera. Porque en cuarta dimensión no se necesita casi nada; todo lo que han sido objetos de deseo se difuminan, desaparecen. Todo lo que realmente tu corazón anhela no tiene precio, no se puede comprar. A partir de ahí, la vida anda por derroteros radicalmente distintos. Eso es lo que la persona que sigue apegada a lo material tiene que ver.

¿Y en cuanto a la alimentación?

—A medida que vas avanzando por el proceso consciencial comes cada vez menos. Empiezas a vivir que es verdad que el sol es energía, que el prana es energía y nos rodea por todas partes. Siempre, en todo, se trata de escuchar a la vida, al cuerpo, a las señales… En cuanto a la alimentación, si alguien quiere ponerse por delante con su voluntad creo que no va a conseguir nada. Por ejemplo, deja la carne o el pescado cuando tu cuerpo te esté diciendo que quiere dejar de ingerirlos, porque se siente maltratado física y consciencialmente con su ingestión. Con el alcohol y productos de origen animal, como los huevos y la leche, lo mismo. En un proceso de dos años he ido dejando eso, pero ha sido siempre escuchando al cuerpo; nunca ha sido una decisión mental. Con los líquidos quizá he tenido el cambio más espectacular, porque solo bebo agua. No obstante, en determinados momentos no tengo problemas para compartir, si es preciso, una copa de vino. Es cierto que me mareo con mucha facilidad, pero en el acompañamiento a nuestros hermanos nuestra frecuencia de amor tiene que darse en todo. Esto significa que aunque yo no coma casi nada (como una vez al día, verdura, legumbres y agua a última hora del día normalmente), si se da una circunstancia y se dice de ir a tomar algo yo me tomo algo, sin problemas. El amor lo transforma todo; tu cuerpo tiene energía suficiente para reciclar positivamente cualquier comestible que ingieras.

Más de uno va a tener dificultad con esto…

—Creo que tenemos que aprender mucho de lo que fueron los primeros cristianos. En los Hechos de los Apóstoles se nos dan maravillosos ejemplos de lo que era la vida sencilla; aunque aquello era muy minoritario y ahora tengo la sensación de que va a ser muy mayoritario. Cuando esas personas iban a divulgar el mensaje crístico se ponían en marcha sin nada, con unas sandalias y un bastón. Estoy convencido de que Jesús en la última etapa de su vida no comía casi nada. Los primeros cristianos tampoco y, sin embargo, cuando llegaban a un pueblo aceptaban la comida que les daban. Aunque no tuvieran hambre se sentaban a la mesa, porque era el momento de compartir con esa gente, de acompañarla. Así pues, no seamos estrafalarios con el tema de la comida; que siempre prime el compartir, el amor.

SÓLO HAY AMOR

¿Qué es el amor, Emilio?

—¿El amor?, es lo único que existe. Me explico. Todo es y no es, es manifestado e inmanifestado. Lo inmanifestado es imposible de describir con palabras; pertenece a un ámbito de no ser, y los humanos solo podemos tocarlo desde nuestra quietud más profunda, cuando alcanzamos lo que los orientales han denominado el nirvana. Lo inmanifestado tiene una manifestación, que es una; no está fragmentada ni separada. Es Amor. Después el Amor se despliega como vida y como consciencia (ambas van unidas). Y ya la vida y la consciencia se desenvuelven en experiencias de ser. Por lo tanto todo lo que podemos percibir, en la tercera dimensión o en cualquier otra, ya sea por los sentidos físicos o por sensaciones, intuiciones, etc. es Amor.

¿Tiene algo que decir la ciencia en este ámbito?

—Sí; la ciencia nos ha dado la clave de esto en los últimos tiempos. Es muy importante lo que se ha descubierto gracias al acelerador de partículas (en el CERN de Ginebra). Se intentaron lanzar partículas en un contexto de vacío absoluto, a una velocidad cercana a la de la luz, para que chocasen entre sí, y fruto de ese choque analizar lo que pudo ser el Big Bang, etc. Pero por más empeño que se ha puesto las partículas no han chocado. Finalmente los científicos se han dado cuenta de que las partículas no chocan no porque el modelo tecnológico o informático sea erróneo, sino porque hay una interferencia: el mismo vacío. Lo barruntó Einstein y lo llamó ‘la constante cosmológica’, ‘la densidad del vacío’, pero no pudo demostrarlo. Hoy la ciencia sabe que Einstein tenía razón. De todos modos Einstein no pudo demostrar que el vacío tiene una presencia. Hoy sí se sabe, gracias a los experimentos desarrollados en Ginebra, que el vacío vibra, que vive. Y que el vacío, por tanto, siendo nada es algo. En el ámbito espiritual y religioso oriental esto siempre se ha tenido claro. La presencia, la vibración del vacío, es la manifestación de lo que no es. Y esa vibración es puramente Amor. El Amor es la vibración pura y primigenia del No-Ser.

»A partir de aquí, todo el cosmos es el desenvolvimiento de una única vida y una única consciencia. Los procesos conscienciales no son individuales. Y si todo es una única cosa ¿cómo no va a ser la humanidad una única cosa? El proceso consciencial que vive la humanidad es uno único, con independencia de que en su diversidad y libre albedrío tenga multitud de manifestaciones. Todo es Uno, y cuando se toma conciencia de la divinidad de uno se toma conciencia, a la vez, de la divinidad del otro. La expresión oriental namasté lo resume muy bien: «El Dios que soy yo reverencia al Dios que eres tú.» A partir de ahí no hay solo una reverencia sino también una unión, una fusión, porque nos damos cuenta de que somos lo mismo.

Aunque el Amor ‘ya es’ a menudo sentimos que volver a él requiere un esfuerzo, que hay que recorrer un arduo camino. ¿Cómo se vuelve fluido el proceso consciencial, cuándo deja de estar regido por nuestro esfuerzo?

—Todo lo manifestado se da en un fluir continuo; aquello a lo que los orientales llamaban ‘el Tao’. En este fluir no hay nada densificado, nada condensado. Todo es un va y viene continuo; San Agustín lo llamó ‘el Orden del Amor’. En ese Orden del Amor, en ese Tao, que es un fluir, sin condensación ninguna, sin embargo se forman puntos de condensación. Todo lo que vemos como formas de vida, sea un planeta, sea una estrella, sea una persona, son puntos de condensación en ese enorme magma de vida y consciencia que es una.

»Es como que hay una enorme red, perfecta, en la cual se forman nudos. Esos nudos son procesos conscienciales que viven la fantasía de la separación. Al formar la bolita, el nudo, nos vemos a nosotros mismos como algo distinto de la red a la que pertenecemos; de hecho, dejamos de ver la red. Adquirimos conciencia de individualidad. Y hacemos esa cosa tan graciosa que es ‘hablar de nuestra vida’. En otros planos en que se ve la vida como una sola esto es un chiste. La única vida se expresa en todo, incluso en quien habla de ‘mi vida’.

»Esos puntos que se condensan también se descondensan. Se produce un hecho maravilloso, y es que la red crece precisamente porque se producen condensaciones y descondensaciones. Haciendo una analogía, pongamos que si un metro de red se ha hecho nudo, cuando ese metro de red vuelve a destensarse el metro se ha convertido en un kilómetro. Es decir, lo que se vive dentro del punto de condensación es lo que contribuye a que la red se expanda. La vida y la consciencia se expanden permanentemente y a una velocidad infinita porque se forman puntos de condensación que, al descondensarse, aportan a la red más de lo que habían condensado de la red.

¿El nudo que se descondensa sería la persona que se ilumina?

—Es una forma de expresarlo, pero permíteme que yo lo diga de una forma más descriptiva: se ha descondensado. Todas las condensaciones, todos los seres humanos, están en proceso de descondensación, de distensión; poco a poco el nudo se va aflojando, hasta que deja de ser nudo. En la medida en la que te vas destensando, lo que se produce dentro del punto condensado es lo que la ciencia actual denominaría ‘un puente de Einstein-Rosen’, un agujero de gusano. Es un proceso consciencial precioso, que desde la perspectiva humana dura muchísimo tiempo, pero que desde la perspectiva de la Creación es instantáneo, porque no existe el tiempo.

Se habla mucho de que nuestro ADN va a mutar; ¿qué piensas al respecto?

—Nuestro ADN no va a mutar, porque hay una sola vida y una sola consciencia, y por lo tanto un único ADN. La ciencia descubrirá que el ADN es preexistente a la vida, porque es la plasmación en red de la única vida y la única consciencia. Lo que ocurre es que en los puntos de condensación el ADN se tensa, se aprisiona…, se estresa. En la medida en que nos vamos encontrando a nosotros mismos van brotando la armonía, la paz, el amor y el equilibrio. Y nos vamos destensando, desestresando. En ese momento milagroso nuestro ADN se empieza a abrir. Nuestro ADN no va a mutar sino que va a abrirse, como si fuese una bellísima flor. Al abrirse, los componentes de ADN que han estado aprisionados, o ‘durmiendo’, nos van despertando a todo un potencial que está en toda la red.

Así pues, si una persona está angustiada…

—…que busque la forma de destensarse. Porque destensarse, desestresarse, es la vía. Y en esto ayuda mucho la vida sencilla. ¿Cómo mantenerte en una frecuencia de amor?, a mí me gusta hablar de la práctica de la vida sencilla, la práctica del aquí y ahora, la práctica de la libertad (dejar atrás nuestros miedos de una vez, darnos cuenta de que son todos autolimitaciones mentales), la práctica del silencio, la práctica de la quietud, la práctica de la confianza y la práctica del empoderamiento. Recomiendo aligerar la agenda y buscar espacios de silencio. Habrá personas a quienes tal vez aún no se les pueda hablar de eliminar los miedos, o de quietud interior, pero sí de vida sencilla, o del silencio, o de la importancia de empezar a percibir el aquí y ahora.

Háblame un poco de los miedos.

—Son creados, ficticios. Sin darnos cuenta, en la matriz holográfica de tercera dimensión nos hemos metido en una cárcel, nosotros solitos, por nuestros procesos conscienciales. Los barrotes de esa cárcel son nuestros miedos, que se dividen en dos grandes tipologías: los que reconocemos como miedos y los que no identificamos como tales, aunque también lo son. Detrás de las comodidades, de las relaciones de pareja, de muchas de las cosas que nos producen contento hay muchos miedos. Frente a ellos buscamos protección, y así acabamos por meternos en una cárcel de alta seguridad. Hay tantas personas que tienen miedo a la vida, a lo que les puede suceder…

»Lo primero es darse cuenta de que los miedos están ahí, y del pelaje tan distinto que tienen. Si esto es difícil, lo siguiente aún lo es más: es la aceptación. Es decir, no intentar cambiarlos, sino aceptarlos. Cuando un ser humano se observa y acepta todos sus miedos surge la frecuencia del Amor, la cual, sin tú darte cuenta, sin tener tú que hacer nada, los diluye. Es más, te empiezas a dar cuenta de que tus sombras no eran tales; eran luz, pero metida en bolsas. Y lo que has hecho es abrir la bolsa, lo que te ha aportado más luz. Date cuenta del papel que ha jugado ese miedo para ti como trampolín en tu proceso consciencial y agradéceselo, con amor.

Aprovechando que has tenido una experiencia cercana a la muerte, no puedo dejar de preguntarte: ¿qué es de nosotros cuando morimos?

—Mi experiencia es que hay muchísimos seres humanos que, puesto que están muy identificados con su realidad física, incluso muertos siguen viéndose con su realidad física, y siguen queriendo hacer lo que hacían físicamente. También hay seres humanos que ven que transitan el túnel de luz; así dejan atrás lo que ha sido su vida física, pero siguen viéndose como algo álmico: si el cuerpo es el vehículo que utilizamos para vivir experiencias aquí, el alma es el vehículo que utilizamos para vivir experiencias en muchas dimensiones, pero no deja de ser un vehículo. Lo que realmente somos es espíritu, que es la emanación, la manifestación del No-Ser. Quien, tras desencarnar, se ve como espíritu, deja de percibirse como algo separado; se vuelca completamente en la Unidad. Desde esa Unidad vuelve a proyectarse en encarnaciones.

El tema de la muerte continúa siendo tabú en nuestra sociedad…

—Sí, nuestra sociedad quiere ocultar la muerte. Los niños y adolescentes ya no ven morir a la gente en sus casas, y además, por protocolos de salud, los entierros son entierros exprés…, con lo cual no hay una percepción de esa experiencia. Hay personas que tienen un accidente de tráfico, o incluso personas que mueren ancianas, que no se han planteado el tema de la muerte, y cuando se mueren no se creen que están muertas. En ese plano tienes capacidad, desde tu consciencia, de crearlo todo; por ejemplo, si eres adicto al tabaco, allí fumas.

¿Vas a continuar, en tu período de crisálida, con tu actividad laboral?

—No lo sé. En cualquier caso para mí la actividad laboral no es algo que pueda romper el silencio. Esto lo he aprendido de mis amigos monjes del monasterio cisterciense de Santa María de las Escalonias (prov. de Córdoba). Ellos siguen el ‘ora et labora’; es decir, rezan y trabajan. Uno de los monjes me explicó que la contemplación continua podía llevar a la rotura del equilibrio interno, esto es, a romper la conexión verdadera con el interior y meterse en un mundo de fantasía. Se puede desarrollar una actividad laboral con cariño, con dedicación, con concentración y lo mejor posible (de hecho esta es la manera correcta de desarrollar la actividad laboral), pero eso sí: cuando concluye, concluye. Esto también lo aprendí de estos monjes: no extender la jornada laboral artificialmente (con ello me refiero a la manía que tenemos de extenderla con temas de agenda, o de despertarnos de madrugada con estrés por un tema del trabajo). Agradezco mucho mi trabajo en la Diputación, porque sé que gracias a él mi vida contemplativa es mucho más plena. Ahora que he sentido la necesidad de este silencio profundo no sé adónde me va a llevar la Providencia; lo que me dice mi interior es que tengo que estar donde la brisa del Amor me lleve.

»Hace tiempo me sentí como un globo aerostático del que iba soltando los amarres. Conforme he ido soltándolos, con la mirada puesta en el aquí y ahora, barruntaba que el globo, conforme se elevaba, podría tener que afrontar vientos huracanados… Sin embargo, he ido constatando que va subiendo poco a poco, y que el viento no es huracanado, sino que consiste en una brisa muy suave. La Providencia va a hacer de mí lo que le dé la gana, pero sé que va a ser algo muy natural, que no va a consistir en grandes rupturas. Porque al fin y al cabo en la Creación, que es de naturaleza divina, todo es natural. Nada es traumático; todo son procesos.

»Lo mío no es una despedida; también es una bienvenida. Llevo 200.000 años en este plano en acto de servicio, por decirlo de alguna forma, y sé que ha llegado el momento de que quienes estamos en servicio hagamos nuestro lo que Rumi, el filósofo y sabio sufí, dijo en el siglo XII: «La época del asceta ha acabado. El reinado del amor ha llegado.» El reinado del amor conlleva vivir de una forma distinta; es más, conlleva hacer de una forma tan distinta que me atrevo a denominarlo ‘no hacer’. No porque no hagamos, sino porque a partir de ahora todo lo que fluya se va a corresponder más con el verbo ‘vivir’ que con el verbo ‘hacer’. Por supuesto que vivir significa hacer cosas, pero significa hacer cosas como extensión de vivir. El hacer al que hemos estado acostumbrados es distinto del vivir; no es un hacer natural, sino muchas veces forzado, mental, egoico. Lo que viene será un ‘vivir viviendo’, en el aquí y ahora. Y lo que hagamos ya no podrá ser calificado de ‘hacer’.

Fuente:  PorAndaluciaLibre  Entrevista por Francesc Prims.

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