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Todos llevamos dentro un extraño que nos hace sufrir

Isabel Menéndez, psicóloga y psicoanalista

Siempre subyace el deseo de ser comprendido y apreciado. Sobre eso ha reflexionado Isabel Menéndez en su último libro, La construcción del amor (Espasa). «El amor dirige nuestras vidas, es el más alto reto y también el más complicado. De hecho, casi todos los sufrimientos están muy relacionados con la percepción de no sentirnos amados; pero a amar se aprende».
El inconsciente es un monstruo?

Es un arsenal de pasiones que nos empuja a vivir, a sufrir, a amar; que nos controla, nos domina.

Ya decía yo que era un monstruo…

Todos llevamos dentro un extraño que nos hace sufrir muchísimo. Como no lo conocemos, nos asustamos de él. Habría que preguntarse por qué nos asusta tanto teniendo en cuenta que es nuestro.

¿Qué propone?

Escucharlo: el inconsciente se expresa en los sueños, síntomas, lapsus, en eso que conscientemente no podemos dominar.

¿Y después?

Elaborarlo. Debemos librarnos de todo el daño que nos hacemos a nosotros mismos y disfrutar más en la vida.

¿Alguna receta casera?

Cada vez hay menos reflexión, vamos demasiado deprisa y no sé adónde…, ya vamos a morirnos todos. La receta es no tener miedo al inconsciente.

¿Cómo lo hacemos?

Mediante un ejercicio consciente de humildad, reconociendo que mucho de lo que nos pasa está más allá de nuestra voluntad. Y poniendo más atención en el amor.  El amor es una de esas cosas profundas de las que depende nuestro bienestar.

Nunca había habido tanta gente sola.

Creo que se debe a que somos muy exigentes y que pensamos que el otro tiene que darnos más de lo que puede.

Igual es que hay mucho roñoso.

Las mujeres son más exigentes que los hombres y padecen más. Los hombres, como son menos exigentes, encuentran.

¿Qué elegimos?

Algo de lo que valoramos y aquello que nos recuerda parte de nuestra infancia, lo que hemos vivido con placer y queremos repetir, o lo contrario. Los modelos amorosos se forman en los primeros años.

¿Por qué dura tanto el desamor?

El amor dirige la vida: tenerlo, no tenerlo, haberlo tenido y haberlo perdido, la falta de amor… está en la base de todo lo que sufrimos, de todos los fracasos en la vida. El amor tiene que ver con nuestra relación con el otro, con todos los otros. Hay quien tiene miedo a amar, otros no han aprendido, les ha fallado el modelo materno.

Las madres, lo hagan bien o mal, siempre tienen la culpa de todo.

La madre es absolutamente fundamental y marca la relación con el amor para la vida.  Pero si el padre no ha funcionado, el amor se convierte en un desastre. El padre es el que separa al hijo de la madre. Hay hombres que creen que los hijos son cosas de mujeres y entonces se retiran, suelen ser hombres muy infantiles.

¿Qué hacer en esos casos?

Suplirlo. Creo que cierta decepción y desconfianza hace que las mujeres dejen de lado al hombre.

Por algo será, ¿no?

No hay destino, hay inconsciente. Elegimos parejas de determinadas características, ¿por qué algunos fracasan continuamente?… Esa búsqueda la dirigen deseos que hay que investigar. Y, además, como el inconsciente puede pensar una cosa y su contraria, no resulta fácil. ¿Sabe lo que veo mucho?

¿Qué?

Miedo a amar. En el amor hay que jugarse mucho, y como las energías las tenemos colocadas en muchas parcelas de la vida que también nos dan gratificación, pasamos de complicarnos la vida.

¿Le parece mal?

El miedo a amar siempre tiene que ver con el temor a confundirte con el otro y dejar de ser tú, de dominar tu vida.

Ha dicho que a amar se aprende, ¿no es un sentimiento consustancial al ser?

El amor tiene que ver con el deseo, y el deseo es aprendido. Uno aprende a desear cuando le han puesto límites. Para amar hay que aprender a tolerar la frustración.

¿Qué ha aprendido usted?

Que tenemos una gran capacidad de autoengaño, y que nuestras pulsiones destructivas son muy tenaces. Pero me encanta ver que hay gente que se la juega. Enfrentarse con uno mismo, ahí está la gran batalla.

¿Alguna inspiración sobre el amor?

Convendría pensar que el otro siempre nos va a decepcionar, y que esa decepción no es tan mala, porque fomenta el deseo de que alguna vez obtengamos eso que queremos.  Hay que aprender que todo no va a llegar.

A veces nos conformamos con poquito.

Sólo conscientemente.

Entiendo.

La pareja no se hace sola, al amor hay que darle tiempo, espacio y lugar. Hay que trabajarlo; cada tanto, sentarse y hablar.

Las mujeres siempre están dispuestas.

 A los hombres hay que facilitárselo, les cuesta porque se asustan.

¿Condenadas a hacerles de madres?

Para nada, lo que hay que aprender es a ser más mujeres. El hombre idealiza mucho a la mujer. Algunos, cuando se les cae, la sueltan y van por otra a la que puedan idealizar, pero así nunca tendrán una pareja saludable.

No es muy alentador.

Con el sufrimiento pagas culpas inconscientes que no conoces; eso las religiones lo saben. Cuando se sufre es cuando hay que ser más rebelde: no querer volver a sufrir.

Fuente: La Contra 22/7/2010 (IMA SANCHÍS)

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