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Terapia Filosófica

Mónica Cavallé, presidenta de la Asociación Española para la Práctica y el Asesoramiento Filosóficos

El asesoramiento filosófico (también denominado “orientación filosófica”, “consultoría filosófica”, o “terapia filosófica”) es una modalidad de relación de ayuda, dirigida a todos los sectores de la sociedad, por la que un filósofo se ofrece para acompañar a sus consultantes o interlocutores en una reflexión dialogada orientada a clarificar, desde una perspectiva filosófica, sus preguntas, conflictos, retos e inquietudes existenciales. La orientación filosófica busca poner el pensamiento serio al alcance de las personas de la calle, fomentar el pensamiento propio e independiente, ofrecer un espacio de atención a lo global y a lo esencial -a lo que queda habitualmente al margen de nuestra formación cada vez más especializada-, y educar en el arte del diálogo como vehículo de indagación creativa y de comunicación interpersonal auténtica.

“Aproximadamente una tercera parte de las personas que trato no sufren debido a alguna neurosis clínicamente definible, sino a causa de la falta de sentido y de propósito de sus vidas.” (Carl G. Jung)

El filósofo asesor es una persona con formación filosófica que confía en la capacidad trasformadora de la filosofía, pues la ha verificado en sí mismo, y que, por tanto, se siente capacitada para proporcionar a sus consultantes una ayuda humana efectiva. El filósofo asesor es un facilitador de la reflexión, de la vida examinada, una reflexión no paternalista y no jerárquica que respeta y fomenta la autonomía y la responsabilidad sobre sí mismos de sus interlocutores, y que se orienta a ayudar a vivir con más conciencia, claridad y profundidad.

La principal vertiente de esta actividad de orientación filosófica es individual, si bien su campo de acción se extiende también a grupos y a organizaciones, pues la experiencia revela que estos últimos también se enriquecen con el mismo tipo de reflexión filosófica que resulta útil y benéfica a los individuos.

El asesoramiento filosófico tiene un origen reciente: en 1981, un filósofo alemán, Gerd B. Achenbach, abrió la primera consulta. Sin embargo, la idea de que la filosofía tiene una irradiación inmediata en nuestra vida cotidiana, lejos de ser reciente, estuvo presente en los mismos orígenes de la filosofía. Ésta nació, de hecho, como maestra por excelencia en el arte de vivir, y sólo posteriormente pasó a ser considerada por muchos como un conocimiento eminentemente abstracto y relegado a especialistas. El asesoramiento filosófico busca restituir a la filosofía su operatividad, su potencial transformador y su relevancia para la vida cotidiana.

¿En qué consiste?

“La principal ayuda que podemos prestar a los demás es la de apoyarlos en sus esfuerzos por clarificar sus propios pensamientos y sentimientos. Los principales instrumentos con los que contamos para esta tarea son la capacidad de estar presentes, la de escuchar bien y la de hacer buenas preguntas.” (Lia Keucheniu)

El diálogo, método por excelencia de la filosofía antigua, es también el procedimiento básico del asesoramiento filosófico.  El diálogo que tiene lugar en una consulta de asesoramiento filosófico constituye un espacio libre y abierto de investigación. Es una conversación entre iguales en la que el consultante no abandona su independencia de pensamiento sino, todo lo contrario, en la que ésta se potencia. En este diálogo tanto el asesor como el asesorado filosofan libremente y por igual, pues la filosofía es una “predisposición natural de todo ser humano y no una mera habilidad profesional” (Gadamer). Obviamente, la igualdad señalada no implica absoluta simetría entre los interlocutores: el asesor tiene una formación filosófica específica y por eso el asesorado acude a él; el diálogo filosófico se centra en el consultante y en lo que éste plantea; etc. La igualdad a la que aludimos no significa, por tanto, que este diálogo sea equivalente al que se puede establecer con un amigo; apunta a que el asesor no se erige en autoridad, pues la cede al propio diálogo, a lo que se alumbra en la reflexión conjunta. En esta interacción no compete al filósofo asesor juzgar, dar respuestas y consejos paternalistas, ni imponer su particular modo de pensar. Su tarea consiste, fundamentalmente, en ayudar, mediante sus aportaciones y preguntas, a que el consultante alcance sus propias comprensiones. Este método encuentra su principal inspiración en el conocido método practicado por Sócrates: la mayéutica.

¿A quiénes puede ayudar?

Muchos motivos y situaciones pueden conducir a una consulta de asesoramiento filosófico. La experiencia demuestra que puede prestar una valiosa ayuda a quienes se sienten confusos o tienen dificultad para dotar de dirección y significado a su vida, a quienes se enfrentan a dilemas éticos o han de tomar decisiones difíciles, a quienes carecen de motivación y de claridad sobre cuáles son sus auténticos valores y objetivos, a aquellos que tienen problemas de relaciones y dificultades emocionales sustentados en patrones limitados de pensamiento, a los que notan que están viviendo a medias y no están poniendo en juego su potencial interior o quieren encontrar su lugar y su función en la vida, etc. Puede prestar también un importante servicio a quienes, sencillamente, desean conocerse mejor, clarificar ideas, profundizar en ciertos aspectos de su filosofía personal o de su vida, y a todos aquellos que, sin sobrellevar retos o situaciones especiales, ansían vivir de una forma más consciente y libre, es decir, más plena.

 No es necesario que el consultante tenga conocimientos de filosofía. Basta con que comparta los presupuestos que sustentan al asesoramiento filosófico, y que así resume Tim LeBon:

  • Los problemas de la existencia tienen un componente filosófico latente: atañen a cuestiones de significado y no a meras cuestiones factuales o técnicas.
  • La mayoría de las personas -no sólo unos pocos- puede beneficiarse de los frutos del diálogo filosófico.
  • El diálogo filosófico puede ayudar a estas personas de forma concreta y efectiva: puede determinar una diferencia decisiva en su modo de vivir.

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